No tengo tanto tiempo libre. Cuando llego de trabajar estoy cansado y me cuesta concentrarme. ¿Realmente merece la pena emplear todo este esfuerzo en hacer este juego para intentar conseguir un trabajo en la Industria?

(Ruido de un televisor encendiéndose. Una voz monótona recita en tono pedagógico)

“Ver sucesivas veces (hábito, costumbre) que al darse un determinado hecho de experiencia se sigue otro determinado hecho de experiencia, lleva al entendimiento a considerar que siempre, en el futuro, volverá a repetirse dicha sucesión de hechos de experiencia, pues la naturaleza es uniforme, es decir, se comporta siempre de la misma manera o manera muy similar”

( Principio de uniformidad de la naturaleza de Hume)

Exactamente ese es el quid de la cuestión.

¿Cueces o enriqueces? Programando en tu tiempo libre

Imagina que no has tenido la oportunidad de trabajar como programador de física y tu experiencia laboral se desarrolla en un campo bien diferente, por ejemplo, programación de aplicaciones de gestión con Visual Basic. Imagina que, sin embargo, en tu tiempo libre te dedicas a colaborar con unos amigos en un proyecto de videojuego donde tú eres responsable de la física. Obviamente, aunque no sea experiencia laboral, este trabajo cuenta, y mucho.

El hecho de que una empresa considere mejor la experiencia laboral que aquella que no está ligada a un proceso de selección previo es principalmente (aunque no únicamente) debido a que el que hayas estado desarrollándote bajo la coordinación de otras personas te ha obligado a rendir de un modo correcto de acuerdo a un entorno profesional. Por ejemplo, puede que hayas dedicado diez años de tu vida a programar un motor de física, pero si lo has hecho por tu cuenta, ¿quien garantiza a la empresa que lo has hecho bien? Normalmente, si te has desempeñado en una empresa, has tenido que satisfacer las exigencias de la persona que te paga, que habrán sido motivadas por las exigencias del mercado, por lo tanto, en este caso tu experiencia queda validada. Es perfectamente factible que tu jefe no estuviera capacitado para su puesto y te pidiera cosas totalmente absurdas, con lo cual tu experiencia laboral no sólo no valdría nada, sino que podría ser dañina, al haberte transmitido unos procedimientos o una forma de trabajar incorrecta. Sin embargo, ese tipo de empresa suele durar bien poco en un entorno tan competitivo y arriesgado como los videojuegos, así que si puedes aportar experiencia laboral, estás ofreciendo una cierta garantía de seguridad y competencia.

¿Eso quiere decir que si tienes experiencia laboral eres mejor que alguien que tiene experiencia por sus proyectos extra laborales?

No.

La experiencia laboral sólo es un indicador que permite a la persona a cargo de la selección de personal maximizar sus posibilidades de éxito en la toma de la decisión (contratarte o no) teniendo en cuenta la información de la que dispone. No te desanimes si no la tienes. Para llegar a cada sitio hay una puerta.

Por ejemplo, en el ejemplo mencionado más arriba podrían tomarse el tiempo de navegar por el código de tu motor, lo cual les daría la información que necesitan, pero es algo que rara vez harán porque en un proceso de selección no suele sobrar el tiempo. En lugar de eso, tendrán que reunir el resto de datos que posean y aplicar el principio de uniformidad. Llegados a este punto, si se pueden intuir tendencias positivas o negativas en tu trayectoria no profesional, la empresa frecuentemente asumirá que te comportarás del mismo modo si te contratan. Así pues, algo que podemos hacer para suplir una falta de experiencia profesional es asegurarnos de que nuestros proyectos rebosan de tendencias positivas y promesas de rendimiento.

He aquí algunos ejemplos de tendencias que nos interesa que nuestro potencial futuro empleador perciba:

  • Tendencia a cerrar los proyectos que se comienzan (ésta es, con mucho, la más importante de todas).
  • Amor por los detalles: cuidar la presentación de tus proyectos, conocer más información que la que aparentemente te correspondería por tu rol en él (como posibles expansiones o evoluciones).
  • Capacidad para identificar las partes importantes de un proyecto y priorizarlas.
  • Capacidad para delegar.
  • Capacidad para comunicar de manera efectiva en qué consisten tus proyectos y por qué merecen la pena.
  • Conocimiento preciso de las tareas desarrolladas por otros miembros del proyecto, así como de la carga de trabajo que supone cada una.

Prepárate para cocinar (persuadir) y hacer la boca agua (vender) a los más exigentes

Una vez cumplido este objetivo, ¿qué más podemos hacer para explicar a nuestros entrevistadores el gran error que cometerían si no nos contrataran?

Una amiga me citó una vez una frase de Elmer Wheeler: “Don’t sell the steak – sell the sizzle”. Tenemos que hacer énfasis en vender nuestra capacidad potencial, la promesa de rendimiento, el sonido sugerente del filete crepitando al fuego y el sabor delicioso que nos evoca, frente a nuestra capacidad demostrada, la experiencia laboral, el sabor del filete en sí. ¿Cómo podemos hacer esto? Pues escogiendo el tipo de currículum que sirva mejor a nuestros fines:

  • El currículum cronológico presenta la información de nuestra historia laboral agrupada por fechas, comenzando por la más antigua. Este formato enfatiza los empleos que has tenido y las empresas en que has trabajado. Este modelo sólo es apropiado para quien puede exhibir una larga historia laboral sin períodos de desempleo y para quien no haya cambiado drásticamente la orientación de su carrera.
  • El currículum cronológico inverso es igual que el cronológico, pero presentando primero los datos más recientes, que son los que más interesan a tu entrevistador. Este formato puede ser útil en el caso de estar buscando trabajo en un sector en el que tenemos algo de experiencia (nuestro segundo trabajo, por ejemplo).
  • El currículum funcional muestra tus habilidades y logros, sin proveer información detallada acerca de dónde y cuándo obtuviste ambos. Al no seguir una progresión cronológica, permite hacer énfasis únicamente en los elementos positivos que nos interesan, restando importancia a tendencias que pueden ser percibidas como negativas, como cambios frecuentes de trabajo, períodos en paro o falta de experiencia laboral. El formato funcional está especialmente indicado en situaciones tales como cuando buscamos nuestro primer empleo, tenemos muy poca o ninguna experiencia laboral o estamos cambiando de sector (reorientando nuestra carrera). Este CV nos ayudará a resaltar las habilidades que sean transferibles al sector de destino.

Cocina tu(s) filete(s) a fuego lento

Si no te funciona una vez, no te desanimes. Persevera, mejora, aprende de tus errores. Quien persiste en el tiempo y demuestra constancia y afán de superación acaba alcanzando indefectiblemente sus sueños.